martes, 28 de julio de 2009

EL ESTADO DE DERECHO EN LA HISTORIA



El bienestar colectivo ha sido el más alto propósito de toda sociedad civilizada.

Ante tan fundamental preocupación de la humanidad, encontramos entre otros, a tres grandes pensadores universales: Thomas Hobbes, Jhon Locke, y Juan Jacobo Rousseau.

Hobbes, en su teoría del “Contractualismo Absolutista”, afirmó en resumen, que el hombre es por naturaleza egoísta y ama espontáneamente la libertad y el dominio sobre los demás, y por lo tanto es proclive a la confrontación con el resto de individuos, a menos que surja un poder común y soberano que lo sujete y le obligue a organizarse. Agrega que el poder común se alcanza racionalmente cuando una multitud de personas convienen en transferir a un ser humano o a una asamblea, su poder natural de gobernarse, para que éstos tomen en vuestro nombre las decisiones que más convenga para asegurar la paz interna y la seguridad externa.

Locke, a través de su teoría “El Contrato Político”, sintéticamente expresa que el hombre renuncia a su poder de hacer lo que le parezca oportuno para defender su vida y demás derechos, no por la sola voluntad del Gobernante, sino por las leyes hechas por el Estado a través de las asambleas que representan al pueblo.

Por su parte Rousseau, en su fabulosa obra “El Contrato Social”, aseveró sucintamente que el hombre por naturaleza goza de libertad para hacer cuanto considere conveniente para su supervivencia y bienestar, pero al estar abandonado a sus propias fuerzas, corre el riesgo de que uno más fuerte lo despoje de lo suyo; ante lo cual no le quedaría otro camino que formar con otros, una fuerza común que defienda y proteja su persona y sus bienes, la misma que se constituye por el contrato social, en virtud del cual cada miembro de la sociedad somete su poder a una suprema dirección de voluntad general representada en el Estado.

Todas estas valiosas ideas contribuyeron al nacimiento del Estado Social de Derecho, que no es otro cosa que el Gobierno de las Leyes sobre el capricho de las personas.

sábado, 18 de julio de 2009

LA CONCENTRACION DEL PODER

El pensador político francés Charles Louis de Secondat (Montesquieu), en 1748 publicó “El espíritu de las leyes”, obra en la cual logró plasmar la revolucionaria “Teoría de la Separación de Poderes”, que aún después de 268 años resulta incómoda para los gobiernos autoritarios y concentradores de poder tanto de derecha como de izquierda.

El brillante pensador, que al escribir tan importante obra intentaba dejar como legado para el mundo un marco jurídico que permita establecer límites al poder de los gobernantes y con ello abrir la puerta para la libertad de los seres humanos, decía lo siguiente: “…Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona o corporación, entonces no hay libertad, porque es de temer que el monarca o el senado hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo. Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del legislativo y del ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma de un agresor. En el Estado en que un hombre solo, o una sola corporación de próceres, o de nobles, o del pueblo administrase los tres poderes y tuviese la facultad de hacer las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y contiendas de los particulares, todo se perdería enteramente”.

Esta lúcida y trascendental concepción político-jurídica, debería marcar el rumbo de todos los pueblos progresistas del mundo cuya aspiración sea contar con gobiernos democráticos revestidos de poder pero con límites determinados en el equilibrio que impone la separación de poderes concebida por Montesquieu; lo contrario sería permitir la obscura, retrograda y peligrosa institución del poder estatal ilimitado y concentrado en un solo gobernante.

lunes, 6 de julio de 2009

PRENSA Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

El francés Luis Gabriel Ambrosio de Bonald al referirse a la compleja relación Prensa-Estado, con gran sabiduría afirmo que: “Un Estado puede ser agitado y conmovido por lo que la prensa diga, pero ese mismo Estado puede morir por lo que la prensa calle. Para el primer mal hay un remedio en las leyes; para el segundo, ninguno. Escoged, pues, entre la libertad y la muerte”.
De tan notable reflexión se puede entender que la prensa podría cometer errores e imprecisiones, lo cual de hecho sucede y seguramente seguirá sucediendo; pero no es menos cierto que sin prensa, la libertad de expresión de la sociedad puede perecer y con ello abrirse la puerta para la consolidación de gobiernos autoritarios sin contradictores, para los cuales la prensa es una astilla en el ojo; bien dijo al respecto el político alemán Hans Dietrich “La prensa es la artillería de la libertad”. De ahí que es preferible para los intereses de la Nación una prensa con falencias que una sumisa al poder de turno o inexistente.
El historiador y periodista mexicano Francisco Zarco al referirse al tema, aportó un valioso pensamiento: “La libertad de prensa, lo mismo que todas las libertades, tendrá sus inconvenientes, tendrá sus peligros, pero con todos ellos es preferible a la tranquila placidez del despotismo como decía Tácito”.
Sin dejar de reconocer que la prensa debe ser objetiva, veraz y responsable, me inclino a pensar que las recientes acciones administrativas tomadas por el CONARTEL contra el canal de televisión “TELEAMAZONAS” que probablemente terminen con la extrema sanción de la reversión definitiva de la frecuencia, son absolutamente peligrosas y atentatorias contra la libertad de expresión, pues las mismas tienen un matiz de parcialidad y de sobredimensionamiento de los hechos que se pretende juzgar, lo cual no le hace nada bien a nuestra convulsionada democracia.

EL POPULISMO

Las débiles democracias latinoamericanas entre las que se cuenta la nuestra, han sido y siguen siendo víctimas de un enemigo letal, engañoso y depredador llamado “POPULISMO”, irresponsable forma de gobernar que con creciente desarrollo se ha insertado en el alma de la mayoría de políticos y gobernantes.
Los seguidores del populismo, han gobernado y gobiernan anteponiendo siempre lo que más conviene electoralmente al caudillo de turno, aunque aquello resulte negativo para los intereses de la mayoría, ofreciendo lo que no se puede cumplir, y recurriendo a discursos superficiales que apelan a la vulnerable sensibilidad de los ciudadanos.
En el populismo la ideología no tiene forma ni horizonte, y por lo tanto es amorfa, pues el único norte que respeta es la posición del líder que usualmente sacrifica la racionalidad para dar paso a la demagogia.
Al líder populista le estorba, le enerva y le causa indignación la existencia de un equilibrio de poderes; así mismo le resulta incómodo la consolidación de un verdadero estado de derecho en el cual el gobierno de la constitución y de las leyes pone límites a sus caprichos y egoístas objetivos.
El populismo propicia el enfrentamiento de ricos y pobres para obtener réditos electorales, pero jamás busca soluciones concretas para disminuir las brechas sociales.
El diario ofrecimiento de redistribuir la riqueza por supuesto sin generarla, con la entrega de limosnas al pueblo desesperado, es otra de sus características.
Generalmente los gobiernos populistas difícilmente aceptan errores y con gran facilidad los atribuyen al sistema jurídico vigente, a políticas de gobiernos extranjeros, a sectores de oposición, a la prensa, o a los ambientalistas, entre otros.En aras de alcanzar el tan anhelado progreso y desarrollo de todos los engañados y golpeados pueblos de la América Latina, esperemos que en un futuro cercano esta peligrosa enfermedad que tanto afecta las democracias sea superada.