sábado, 18 de julio de 2009

LA CONCENTRACION DEL PODER

El pensador político francés Charles Louis de Secondat (Montesquieu), en 1748 publicó “El espíritu de las leyes”, obra en la cual logró plasmar la revolucionaria “Teoría de la Separación de Poderes”, que aún después de 268 años resulta incómoda para los gobiernos autoritarios y concentradores de poder tanto de derecha como de izquierda.

El brillante pensador, que al escribir tan importante obra intentaba dejar como legado para el mundo un marco jurídico que permita establecer límites al poder de los gobernantes y con ello abrir la puerta para la libertad de los seres humanos, decía lo siguiente: “…Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona o corporación, entonces no hay libertad, porque es de temer que el monarca o el senado hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo. Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del legislativo y del ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma de un agresor. En el Estado en que un hombre solo, o una sola corporación de próceres, o de nobles, o del pueblo administrase los tres poderes y tuviese la facultad de hacer las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y contiendas de los particulares, todo se perdería enteramente”.

Esta lúcida y trascendental concepción político-jurídica, debería marcar el rumbo de todos los pueblos progresistas del mundo cuya aspiración sea contar con gobiernos democráticos revestidos de poder pero con límites determinados en el equilibrio que impone la separación de poderes concebida por Montesquieu; lo contrario sería permitir la obscura, retrograda y peligrosa institución del poder estatal ilimitado y concentrado en un solo gobernante.

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