martes, 6 de abril de 2010

EL ACCIONAR HUMANO


El gran filósofo griego Aristóteles, discípulo de Platón y preceptor de Alejandro Magno, afirmó con acierto y sabiduría que: “LA VIRTUD ESTÁ EN EL TÉRMINO MEDIO”.

Salvo contadas excepciones, las posiciones extremas asumidas por los seres humanos frente a los distintos acontecimientos de los ámbitos familiar, político, profesional, espiritual, económico o social, serán casi siempre peligrosas, inconvenientes y perjudiciales.

El accionar humano no puede limitarse, ni debe asumir actitudes extremistas o sectarias, por cuanto lo alejarían del racionalismo, le obstruirían el camino para alcanzar las mejores soluciones a los problemas y le impedirían aceptar la realidad de la dialéctica que en breves términos determina el natural, ineludible y constante cambio de las cosas.

De ahí que es posible afirmar que el mejor rumbo del accionar humano casi siempre brota de las posiciones del centro o del equilibrio, las cuales desafían con frontalidad a los extremos inflexibles y cuadrados, ofreciendo diversas alternativas válidas.

Dignos ejemplos de aquello son muchos, pero se puede citar algunos de los más sencillos y cotidianos. Es mejor un hombre equilibrado y cordial, que uno tirano o pusilánime; para un tacaño o dilapidador, es mejor un organizado; ante un fanático religioso o un incrédulo a ultranza, es preferible un creyente solidario y respetuoso; para un dictador de derecha o de izquierda es mejor un demócrata; ante la impunidad y la pena de muerte es preferible una sanción severa pero que respete la vida; ante las generalizaciones o individualizaciones es mejor las determinaciones objetivas; ante el anarquismo y el absolutismo es mejor un Estado de Derecho.

Ventajosamente el accionar humano no se restringe al blanco y al negro, pues, al contrario, se bifurca en una serie de alternativas medias que permiten encontrar las mejores opciones para enfrentar las dificultades colectivas e individuales que presenta la vida.

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