jueves, 29 de julio de 2010

CONTROL ESTATAL UNIVERSITARIO


Sin dejar de desconocer las falencias de la universidad ecuatoriana, la pretensión de que se apruebe una nueva Ley de Educación Superior que impondría el establecimiento de un órgano de control universitario denominado Consejo de Educación Superior integrado entre otros miembros por representantes del Gobierno Nacional, ha encendido una gran preocupación ciudadana por las graves consecuencias que ello podría generar. Y no es para menos, si tomamos en cuenta que la influencia gubernamental en la vida de las universidades podría ser el inicio del fin de la autonomía universitaria, que ha constituido, constituye y constituirá el fuerte escudo que protege a la universidad de intervencionismos o influencias de cualquier tipo de poder.

Las aulas universitarias, al ser cunas del pensamiento libre no deben estar supeditadas a los dictámenes o a las directrices que dicte un órgano burocrático ajeno a su esencia como el pretendido Consejo de Educación Superior, el cual sin duda cumplirá órdenes gubernamentales que en muchos de los casos obedecerá a intereses políticos o electorales tan distantes de los objetivos académicos.

Es verdad que la universidad necesita algunos cambios, como contar con profesores mejor capacitados y mejor remunerados que se dediquen a tiempo completo a la compleja tarea de formar a los nuevos profesionales de la República o generar trabajos de investigación de alta calidad al servicio de la comunidad, pero para ello lo que menos necesita es un control político-estatal, antítesis de la libertad de pensamiento.

Hago votos para que la sensatez llegue a los Asambleístas, y en respeto a la Alma Mater ecuatoriana, desistan de una vez por todas de aprobar la desatinada pretensión de establecer un control estatal universitario.

Mi solidaridad con la universidad ecuatoriana y especialmente con la Universidad Nacional de Loja y con la Universidad Técnica Particular de Loja.

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