miércoles, 29 de diciembre de 2010

31 DE DICIEMBRE EN LOJA


Al finalizar un año más, siempre nos embarga una mezcla de alegría y nostalgia, por todos los acontecimientos y sentimientos producidos a lo largo del período de tiempo que se acaba.
Particularmente en Loja, en la mayoría de casos, el fin de año se inicia con la voluntaria tarea de elaborar o adquirir un monigote de algún personaje, en la cual participan con entusiasmo adultos y niños. Asegurada la caricaturesca ofrenda a inmolarse, los lojanos tenemos la costumbre de recorrer la zona céntrica de la ciudad con la intención de encontrarnos y saludar con la mayor cantidad posible de amigos y coterráneos, quienes luego de meses o años de ausencia, regresan a la campiña lojana para reunirse con sus familiares.
Al inicio de la tarde, cargando monedas en los bolsillos para atender las alegres y coloridas recolecciones de caridad que realizan las entusiastas y atrevidas viudas del año que muere, es tradición lojana visitar los diversos barrios de la ciudad, en donde se elaboran y se exhiben los Años Viejos que recrean temas relacionados con las penas y alegrías ciudadanas.
Al morir la tarde, saborear un tamal con ají de pepa y una buena taza de café, es también un hábito común en los hogares lojanos.
La noche es la oportunidad para reunirse nuevamente con familiares y amigos, comer, bailar y beber, de acuerdo a la medida impuesta por el entusiasmo y el bolsillo; y, al acercarse la hora cero, es costumbre irremplazable, leer el testamento cargado de anécdotas y bromas que deja el viejo año, para luego dar paso a la quema del monigote, al cual hay que saltarlo tres veces, antes de que se queme por completo, para tener suerte en el año que inicia.
Así, en forma sencilla pero llena de afecto y amistad, los lojanos despedimos el año que se va y recibimos el año que viene, tratando de ser felices a nuestra manera: viviendo intensamente el presente, asimilando el pasado, y dejando en las manos de Dios el futuro.

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