jueves, 28 de abril de 2016

Mario Vargas Llosa: Cinco esquinas en 80 años de vida.

A sus 80 años de prolífica existencia, Mario Vargas Llosa, el extraordinario e incansable escribidor peruano, nos entrega una nueva novela titulada “Cinco esquinas”. La historia está ambientada en el Perú de los años 90, gobernado por el dictador derechista Alberto Fujimori y por su siniestro asesor Vladimiro Montesinos. La narración recrea con gran realismo una sociedad peruana atormentada en aquella época por un gobierno despótico y por los grupos violentos Sendero Luminoso y Túpac Amaru que impusieron el terror colectivo. Para ello relata con prosa impecable la vida de un empresario minero cuya vida cambia por completo al ser chantajeado por Rolando Garro, Director del semanario amarillista “Destapes”, financiado con protervos fines por “El Doctor” -alias de Montesinos- para doblegar a todo aquel que se oponga al gobierno fujimorista. Ventajosamente la valentía de la periodista Julieta Leguizamón “La Retaquita”, amarillista inicialmente pero seria y honesta posteriormente, cambia el rumbo de la historia. Este libro de lectura obligatoria, confirma que el Nobel Sudamericano es uno de los mejores escritores del mundo, lo cual incluso ha sido reconocido en este mes por la prestigiosa editorial francesa Gallimard, al publicar sus obras en su Pléiade –selecta colección que reúne al firmamento de la literatura universal-. Vargas Llosa, a través de sus ficciones nos ha permitido vivir fantásticas e imborrables vidas que jamás viviremos en nuestro mundo real, y por medio de sus ensayos, artículos y discursos nos ha hecho reflexionar sobre la importancia de la democracia y la libertad como los tesoros más preciados de la civilización, exhortando a defenderlos ante cualquier embate de los déspotas, populistas o dictadores de derecha o izquierda. Sin duda, es un brillante intelectual de talla universal.

Dr. Theos Nietzsche Monteros Ullauri

Recuerdo la primera vez que lo conocí. Fue en octubre de 1990, en las aulas de la carrera de Derecho de la Universidad Nacional de Loja, cuando por primera vez abrí las páginas de ese respetable y temido libro, que llamábamos Código Penal, en el cual la sociedad estableció las infracciones y las penas legales para aspirar al orden y a la justicia. Su sola presencia inspiraba respeto, y su inteligencia sólo era superada por su sencillez, su bondad y su paciencia. Cada pregunta formulada por nosotros sus estudiantes, merecía siempre precisas e inteligentes respuestas, acompañadas de didácticos e inolvidables ejemplos, provenientes de la genialidad y de la chispa certera de los letrados que han forjado como el acero su carrera, con golpes, contragolpes y fuego. Por si eso fuera poco, la anécdota, el consejo, la broma inteligente y fina, complementaban las magistrales clases del maestro penalista, para quien la enseñanza de temas jurídicos como el delito, el dolo, la culpa, la omisión, la circunstancia atenuante, agravante, eximente o excusante, era un deber sagrado que había que cumplirlo con altruismo y abnegación. Esa forma de ser tan suya, permitió que sus discípulos lo respetemos, lo abriguemos como nuestro dilecto amigo, y lo proyectemos al futuro, como un ejemplo de abogado a seguir. Su enorme labor académica en la vieja Facultad de Jurisprudencia que se extendió a la magistratura en el entonces Tribunal de Garantías Constitucionales, y al limpio y quijotesco ejercicio de la abogacía, han dejado honda huella en muchos abogados lojanos que hoy intentamos respetar sus valiosas y profundas enseñanzas. Mi homenaje sincero, lleno de respeto, admiración y gratitud al Dr. Nietzsche Monteros Ullauri, inolvidable maestro universitario, que emprendió el viaje al reino de la luz y de las estrellas.

Hay golpes en la vida

El sismo del 16 de abril de 2016 nos recordó con dolorosa fuerza repentina la fragilidad humana que rodea nuestras vidas. Miles de hermanos perdieron en un abrir y cerrar de ojos a cientos de familiares y amigos. Cuadros apocalípticos de barrios enteros en ruinas fueron proyectados por los medios de comunicación al resto del país y al mundo. El lamento y el dolor de los hermanos damnificados nos arrugaron el corazón, y la tristeza colectiva inundó a nuestra frágil y vulnerable sociedad ecuatoriana. Producido el duro golpe, la reacción de solidaridad ecuatoriana fue inmediata, enorme y anónima. Solidaridad que provino de todos los rincones de nuestro Ecuador para con nuestra querida Manabí, llena de gente amable, altiva y de corazón abierto, que vive, ríe, cae y se levanta en tierras y playas preciosas en las que brotan generosamente los alimentos, los colores y la vida misma. Esa misma solidaridad fue para con Esmeraldas, territorio maravilloso de la alegría, de la marimba y de los paisajes costaneros de ensueño, en donde sus hijos viven optimistas, gracias al velo invisible y natural que los cubre y que los hace inmunes a los nocivos efectos de la adversidad. Las sangrantes heridas producidas por el terremoto, también encontraron bálsamo y consuelo en la ayuda de países hermanos, que cumpliendo con los sagrados cánones de la solidaridad humana, han enviado generosos lotes de alimentos, brigadas de rescatistas y de médicos. De aquí en adelante, el único camino que tenemos es levantarnos, seguir adelante con la cabeza en alto, trabajar incansablemente juntos, y con esfuerzo diario reconstruir nuestra Nación; eso sí, preparándonos de mejor manera para los desastres naturales, que lamentablemente también forman parte del paisaje de la vida. “Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma...” César Vallejo.